Frecuentemente comienza con una infección genitourinaria.
Algúnos de los patógenos reconocidos son: Chlamydiae.
Su manifestación inicial es la uretritis
no gonocócica, que prepara el escenario para el síndrome de Reiter; el
resto de las características se desarrollan de 1 a 5 semanas después del
comienzo de la uretritis. Del mismo modo, puede ocurrir luego de un
cuadro de gastroenteritis infecciosa (forma postdisentérica).
La tríada clásica de sus manifestaciones clínicas son inflamación de la uretra, conjuntivitis y artritis de por vida, pero también puede presentar entesitis, sacroileitis, uveítis, y diversas lesiones mucocutáneas (como la queratodermia blenorrágica y la balanitis circinada, entre otras).
Asimismo, existen afectaciones dermatológicas en forma de pápulas serosas con centro amarillo en plantas, palmas y en menor frecuencia en uñas, escroto, cuero cabelludo y tronco.
Complicaciones
- Pulmonares: neumonía, derrame pleural.
- Sistema nervioso: neuropatía, cambios en el comportamiento.
- Cardíacos: insuficiencia aórtica, pericarditis, arritmias, enfermedad valvular mitral y necrosis aórtica, ésta última secundaria al tratamiento.
- Riñón: dentro de la amiloidosis renal, la glomerulonefritis (segmentaria).
- Oftalmología: uveítis, iritis, conjuntivitis, cataratas.
- Articulares: artritis recurrentes, artritis crónica, sacroileítis, espondilitis anquilosante o anquilopoyética. Si el factor reumatoide es bajo se consideran artritis seronegativas.
El Sindrome de Reiter es muy difícil de diagnosticar, ya que los sintomas se manisfiestan meses después de haber tenido el contacto sexual y el paciente no lo asocia.
Los animales tienen un sistema humanitario distinta a la del hombre, por eso el hombre es vulnerable ante las E.T.S.
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